Reflexión sobre el apagón
En los últimos tiempos me están llegando mensajes con la campaña contra las tarifas eléctricas y el apagón de febrero. Todos los que me la envían son gente de mi confianza y además comprometidos socialmente. Sin embargo no puedo estar de acuerdo con el apagón contra las “abusivas” tarifas eléctricas dada mi preocupación por el calentamiento global. En este caso una lucha a favor de los “trabajadores-consumidores” de occidente puede volverse contra millones de seres humanos del tercer mundo que están ya amenazados físicamente por el efecto invernadero: 40 millones están siendo desplazados en Bangladesh.
No soy yo quien defienda ni un ápice a las eléctricas de este país ya que son uno de los sectores más monopolistas y agresivos con el medio ambiente.
Ahora bien, lo del consumo eléctrico en nuestro país es de consulta al siquiatra. Consumimos compulsivamente y tiramos literalmente la energía por la ventana: todo dios tiene vitro en la cocina -cuando el gas es mucho más ecológico para cocinar, es decir para generar fuego-, las calefacciones están a tope mientras tenemos la ventana abierta. En mi oficina tienen toda la mañana dos resistencias eléctricas al lado del culo con 25 grados de temperatura mientras otros abren la ventana para refrescarse. Somos uno de los países de Europa que más derrocha energía y que menos pagamos por ella en términos no sólo relativos sino absolutos. La gasolina es más cara en Portugal que aquí. Una casa de nueva construcción tiene una preinstalación eléctrica que consume de entrada un 40% más que en Francia.
Cuando se lo planteo a los funcionarios se ríen de mi y hacen chistes con “la capa de ozono” demostrando su gran ignorancia en la materia.
Aznar regaló un billón a las eléctricas con motivo de la restructuración del mercado. A cambio él y Zapatero han tenido casi 10 años de congelación tarifaria lo que ha acostumbrado al ciudadano a creer que la energía es casi gratis y que se puede gastar pues no la van a subir ni siquiera el IPC, mientras sí que suben otros productos básicos. De esta manera los gobiernos han podido tener una baza en el control político de la inflación. Sin embargo esta congelación durante años de las tarifas ha supuesto que los costes de producción estén por encima de los tarifarios. Mientras tanto las eléctricas no es que hayan palmado dinero, pues han estado tirando del billón, si no que han dado un respiro a los gobiernos. Pero esa situación se ha acabado y ahora se están empezando a trasladar los costes a la factura, bien es cierto que muy tímidamente.
Tenemos ahora el debate de la energía nuclear y los lobbys atacando muy duramente y el impresentable de Sebastián sobornando literalmente a pueblos de una decena de votantes. La electricidad es una de las causantes más relevantes del efecto invernadero. La vitro es muy limpia en tu casa, pero contamina en las térmicas lo que transmite una falsa idea de limpieza en el ciudadano.
En esta grave tesitura, toda campaña que vaya exclusivamente dirigida a combatir el coste de las tarifas, podrá ser -a muy corto plazo, muy cortito- considerada como en defensa de los trabajadores, pero a medio plazo no va si no en la dirección contraria a la de salvar lo que queda de nuestro planeta. A tarifas más baratas, consumos más irresponsables. Soy partidario de la tarifa social en función de los niveles de renta pero sobre todo y también, de los niveles de consumo: mientras más consumo por hogar más caro el Kw ya que es la única forma de “concienciar” al ciudadano pues si les hablas del efecto invernadero, lo único que consigues son chistes fáciles contra el “loco ecologista” que les pretende aguar la fiesta del derroche.
Así es que cuando se plantee un apagón que verdaderamente vaya contra las eléctricas pero por sus prácticas contra el planeta, entonces me apunto.
Ten en cuenta que en la destrucción del planeta las primeras víctimas son los trabajadores y los habitantes del tercer mundo. Los ricos tienen más margen de maniobra para escapar a sus efectos. Por eso los altos ejecutivos no temen sobre sus familias los efectos nocivos que provocan sus empresas.
En fin, esto ha sido una aportación al debate de la energía. No deja de ser significativo que esta campaña se convoque ahora que se está intentando buscar un lugar para los mortíferos residuos nucleares.