Despido barato, mentiras para incautos
El presidente del gobierno y su ministro del ramo se afanan en repetir hasta la saciedad mentiras para incautos sobre el abaratamiento del despido, con la esperanza de que se conviertan en verdades de fé. Según ambos gobernantes, la reforma del despido abaratará el coste para las empresas pero “no supondrá una pérdida de derechos para los trabajadores”. Torpe argumento que no puede sino contentar a quienes desconocen por completo, o saben demasiado sobre los mecanismos jurídicos y económicos de la normativa laboral en materia de despido.
Incluso si tomáramos en cuenta únicamente el burdo aspecto económico al que Zapatero pretende llevar el debate del coste del despido, es evidente que la nueva normativa reduce las cantidades que los trabajadores percibirán por ser expulsados de su puesto de trabajo. Que el estado se haga cargo de una parte de las indemnizaciones no puede ser más contraproducente. En tiempos de crisis como estamos y de austeridad en las cuentas públicas, que el estado gaste ingentes cantidades de dinero en facilitar que las empresas arrojen, como basura, a sus trabajadores a la cola del paro, nos induce a pensar que las arcas del estado no andarán tan mal como pregonan.
Pero no es esta la cuestión de fondo que queremos tratar aquí. Tan sólo pretendemos desenmascarar el pueril argumento para incautos repetido una y otra vez por José Luis Rodríguez de León y su ministro, el padrazo Gorbacho ¿eh?. A nadie que tenga dos dedos de frente se le escapa que la finalidad esencia de la figura jurídica de las indemnizaciones por despido es simple y llanamente la de disuadir a los empresarios de despedir a sus empleados. El que el trabajador aumente su patrimonio por la pérdida de su trabajo, consigue que éste pueda sobrevivir escasamente durante unos meses más, pero era algo secundario. Reducir las cuantías de las indemnizaciones por un lado y subvencionar a fondo perdido parte de ellas por otro, no persiguen otra finalidad que la de aliviar los efectos negativos que para la empresa suponía la aplicación de despidos improcedentes, objetivos o por regulación de empleo.
Es evidente que la medida de sufragar y reducir las indemnizaciones por despido van encaminadas a facilitar que las empresas se desprendan de sus plantillas para luego contratar a otros trabajadores con menos costes salariales y menos derechos adquiridos. El derecho más preciado que tiene un trabajador es su puesto de trabajo, por lo que regalar a las empresas parte de las indemnizaciones por despido favorece la pérdida de ese derecho esencial. De ahí que afirmar que la reforma en materia de despidos no va a suponer una pérdida de derechos de los trabajadores, se nos antoja una mentira hecha para incautos o por incautos.
Aducir que abaratar el despido favorece el empleo estable no casa con la razón. Mientras más nos aproximemos a un coste del despido cero, más cerca estaremos del contrato diario. Si un empresario sabe que despedir sin motivo justificado tiene coste cero, cualquier mañana del año puede decirle al obrero: majete, coge tus cosas y vete. Lo que convierte el eufemísticamente llamado contrato estable en contrato de un día de duración. Cada mañana, al entrar al tajo, el contrato estable se le renueva. Hasta la mañana siguiente.